
Padres en conflicto
Existe una práctica bastante común entre aquellos padres divorciados que no tiene nada de positiva. Nos referimos a la actitud de reproche que muchas veces adoptan ambas partes de la ex-pareja frente al otro, sin detenerse aunque sea un segundo en pensar en aquello que los sigue uniendo: su hijo. ¿Cuántas veces no hemos visto a una pareja de padres separados en la puerta de salida de una escuela peleando por tal o cual motivo? En esos casos nos da mucha pena el niño o niña que queda en el medio de ambos términos de la disputa.
Pues bien, es evidente que si somos padres, nos encontramos en un matrimonio, pero este matrimonio no tiene mucha vida, o sea, pretendemos separarnos, tenemos que tratar de dejar nuestras peleas y disputas por fuera de nuestra relación con nuestro hijo. Nuestros hijos no tienen nada que ver en nuestros fracasos conyugales, de modo que lo peor que podemos hacer -para su integridad personal, para su educación y para su salud psíquica- es hablarle mal de su madre.
Muchas veces ocurre que los padres creen que su hijo es un objeto de disputa. Una vez que los padres se separan, creen que entre los bienes a repartirse, el hijo es un bien más. Como si entre la mesa de roble, la biblioteca, los libros, y la casa, también se encuentre el hijo; ese objeto que además habla.
Naturalmente, el hijo no es un objeto más sino una persona que sufre. De modo que la forma más adecuada de llevar a cabo este tipo de experiencias traumáticas es dejando de lado nuestros odios personales e intentar demostrar frente a nuestro hijo un respeto por la madre que redundará en un futuro en una imitación por parte de nuestro hijo en sus relaciones conyugales.
Dar el ejemplo es lo que tenemos que hacer.
