
Separaciones con hijos
Desde hace ya unos 25 años, cuando se aprobó la ley del divorcio, casarse o unirse para formar una familia no es una garantía de pasar la vida entera juntos, aunque cuando se compromete uno a ello, se ponga toda la intención. Las personas cuando deciden casarse, lo hacen libremente y con el propósito firme de estar juntos para el resto de su vida, excepciones pueden siempre confirmar esta norma como la de los matrimonios de conveniencia que siguen existiendo en nuestra sociedad.
Habiendo trascendido ya el tema de los matrimonios ya pactados desde la cuna, la gran mayoría de los matrimonios que se celebran, consisten en un hombre y una mujer que unen sus vidas para fundar una familia, compartir sus espacios, una vivienda común y en la gran mayoría de los casos, tener hijos. Se casan por amor, afinidades y también diferencias que complementan su persona y que les hacen enriquecerse mutuamente. Hemos hablado en otros artículos sobre la importancia del dialogo y la comunicación, el respeto al otro así como a su espacio privado que puede perfectamente no compartir a no ser que sea voluntariamente, sobre territorialidad, seducción, consenso, pactos y evolución.
En muchas ocasiones, los dos miembros de la Pareja, después de haber tenido hijos y a pesar de tantos años y experiencias en común deciden poner fin a su matrimonio, con todo el dolor que cualquier separación conlleva. Los motivos por los que un matrimonio decide poner fin a su unión pueden ser de cualquier índole, pero tienen en común la falta de respeto al otro miembro de la pareja en la gran mayoría de los casos y también la falta de entendimiento a la hora de comunicarse. Si uno no trabaja día a día su relación matrimonial, probablemente ésta esté abocada al fracaso.
