
¿De cuántas cosas nos perderemos por vivir conectados?
Pero este mal no es propio de los llamados workaholics o adictos al trabajo, sino que puede verse en todos los órdenes de internet y la manera en la que nos movemos en ella. Por ejemplo, Twitter. Como la red social de microblogging más famosa del momento, Twitter produce en algunos usuarios una suerte de dependencia equiparable a una peligrosa adicción —recordemos que este tipo de plataformas no sólo de utiliza desde un computador, sino que muchos lo hacen a través de smartphones—. ¿Por qué esta adicción? Porque estos servicios generan la ilusión de que hay cosas que se dicen o hacen que de no estar conectados no nos enteraremos. Casi como si nos perdiéramos de algo vital.
Y aquí me pregunto ¿no se produce la misma pérdida en la vida real? ¿No sufrirán nuestros hijos si por trabajar horas extras no los vemos en una muestra anual de teatro? O en casos menos extremos, ¿no sufrirán si mientras nos cuentan cómo les fue en el colegio nos la pasamos chequeando los mails en nuestro teléfono celular?
Los teléfonos celulares, las notebooks y los ordenadores han diseñado un nuevo mundo. Hiperconexión es la clave. Ocurre que mal utilizados estos medios, muchas cosas que valen la pena corren el riesgo de deteriorarse. La familia es una de esas cosas. Por eso desde aquí aconsejamos: se trabaja en el horario de trabajo y en casa se disfruta de los suyos. Internet seguirá ahí, igual que las cosas seguirán pasando aunque no sepamos nada de ellas.
