
El alcohólico necesita de nuestra ayuda.
El problema de las adicciones es grave. Puede horadar los lazos famliares hasta llegar a cortarlos. Si en nuestro hogar convivimos con un adicto, no podemos darle la espalda. Lo más importante es que le cedamos todo nuestro apoyo para que pueda salir adelante.
Tanto las adicciones a las drogas como las adicciones al alcohol enajenan al ser humano. Debemos entender que un adicto no está bajo el control total de sus acciones, de manera que si no lo ayudamos muy difícilmente logre salir del oscuro pozo en el que ha caído.
Para esto no hay nada mejor que informarse y encontrar ayuda en los profesionales. Son muchos los lugares que ofrecen asistencia para este terrible flagelo que azota a la sociedad toda y a las familias en particular. Conviene también tener en cuenta las condiciones etáreas del adicto, de manera de visitar grupos o profesionales que traten con gente de la misma edad.
Pongamos un ejemplo. Si nuestro hijo adolescente es adicto al alcohol, difícilmente acepte ir a reuniones AA donde encontraremos alcohólicos de todas las edades. Lo mejor es buscar grupos de adolescentes o profesionales especializados en ellos, con la formación necesaria para ayudarlos desde su lugar.
Y por último, toda la familia debe ayudar. Debemos recordar que aquí hablamos del bien del conjunto, no sólo del bien adicto sino de la familia en su conjunto que logrará hacerle frente a los problemas y fortalecer los vínculos. De este modo, y volviendo al caso del adolescente, debemos, por caso, hacerle entender al resto de nuestros hijos o a nuestro cónyugue que todos deben ayudar desde su lugar. Ejemplo: no poner bebidas alcohólicas en la mesa familiar hasta que el adicto se recupere.
Los problemas no se deben ocultar. Hablando y tratándolos, podemos salir adelante y hacer de nuestro hogar, un hogar feliz.
