
Niños y TV
El título de este artículo parecerá en cierto sentido conservador. Parecería suponer una concepción del medio de comunicación audiovisual que representa la televisión como simple aparato corruptor de la subjetividad de quien lo experimenta. La intención de proteger a nuestros hijos del dispositivo televisivo indicaría: 1° que nuestros hijos son algo así como naturaleza pura, no “contaminada” por los contenidos “degenerados” de la Tele; 2° que la Tele es problemática en sí misma.
Lejos estamos de querer indicar esto. Sin embargo, debemos reconocer que gran cantidad de contenidos transmitidos hoy día por la televisión son de bajo contenido cultural, educativo -por no hablar de ciertos insultos a la inteligencia del espectador en casos como programas “periodísticos” que se ocupan más de la intimidad de las personas públicas que de verdaderas noticas-. De esta manera, en tanto padres responsables, debemos decidir qué haremos con la relación de nuestros hijos con el aparato televisivo. ¿Prohibición absoluta?; ¿Permisividad total?; ¿Existe algún punto medio en este dilema?
Veamos las dificultades que se le presenta a la primera opción -a saber: la severa prohibición-: todos los compañeros de escuela de nuestros hijos ven televisión, de modo que un contacto continuo con ellos despertará el interés y la curiosidad por este dispositivo comunicacional. Cuando sus amiguitos inviten a nuestros hijos a jugar a sus casas y, no podremos evitarlo, terminarán viendo Tele.
Pasemos, ya que la primera opción en su radicalidad se demuestra imposible de llevar a cabo en la práctica, a la segunda de las opciones: aquí no evitaremos el problema sino que lo reencontraremos en la otra cara de la moneda. Quien dice sin reparos prohibición total dice con facilidad, también, permisividad total. El blanco o negro de la cuestión demuestra cierta afinidad de base. Y entonces cuando dejamos que nuestros hijos vean TODO, entonces hacemos de nuestros hijos una suerte de desprendimiento del aparato televisivo, borrando toda posibilidad de producción de una conciencia crítica con eso que se está viendo. La impresión de transparencia en el lenguaje televisivo, el efecto de inmediatez y de reciprocidad en la experiencia con el espectador, terminarán por generar en nuestros hijos lo que en el campo de la sociología de los años 60 se llamó “cultural dopes” (marionetas culturales).
Veamos entonces, brevemente, qué opción nos queda: la de compartir los momentos en los que nuestros hijos ven Tele, de modo tal que podamos charlar con ellos sobre el carácter ficcional de muchos de los productos que allí se consumen, procurando generar en nuestros hijos un grado de incredulidad necesaria como para descifrar el simulacro en el que se basan muchos programas de televisión. Sólo acompañando a nuestros hijos en esos momentos en que se enfrentan a la poderosa imagen televisiva, seremos buenos padres y responsables para con su educación.
